Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 10
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesucristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que supera toda alegría y todo deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, que has demostrado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo incluso la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, tal como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan Divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste tu Cuerpo y Sangre más preciosos, y mientras al mismo tiempo los confortabas dulcemente, les anunciabas tu inminente Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma cuando tú mismo testificaste diciendo: “Mi Alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que escogiste y elevaste, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces en el esplendor de tu juventud y durante la solemnidad de la Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido con las de la burla; que tu Rostro y tus Ojos fueron velados, que fuiste golpeado, coronado de espinas, con una caña en tus Manos, que fuiste aplastado a golpes y abrumado con afrentas y ultrajes. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a voluntad. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y que me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Creador del Cielo y la tierra, a quien nada puede abarcar o limitar, Tú que envuelves y sostienes todo bajo tu amoroso poder, recuerda el dolor tan amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus Santas Manos y Pies en la Cruz golpe a golpe con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado suficientemente lastimoso para satisfacer su ira, ampliaron tus Heridas, y añadieron dolor a dolor, y con crueldad indescriptible estiraron tu Cuerpo en la Cruz, sujetándote de todos lados, dislocando así tus miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Médico celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda las contusiones que sufriste y la debilidad de todos tus Miembros que fueron distendidos a tal grado que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la corona de tu Cabeza hasta las Plantas de tus Pies no había un solo lugar en tu Cuerpo que no estuviera en tormento, y sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Más Amarga Pasión efectúe en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar en la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvos por los méritos de tu Sagrada Pasión; al mismo tiempo, viste la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de aquellos pecadores irremisiblemente perdidos y desafortunados. Por el abismo de compasión y piedad, y especialmente por la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Este día estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Rey amado y más deseable, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste clavado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu Amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu Madre!” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de tristeza que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Fuente inagotable de compasión, que con un profundo gesto de amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que inflames en nuestros corazones el deseo de tender a la perfección en todas nuestras acciones; y que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y el hiel que saboreaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que nos sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que soportaste al estar sumergido en un océano de amargura ante la aproximación de la muerte, insultado, ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que habías sido abandonado por tu Padre, diciendo: “¡Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestro bien te sumergiste en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la corona de tu cabeza. En consideración a la enormidad de tus Heridas, enséñame a guardar, por puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es amplio y fácil para los que te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus Heridas que penetraron hasta la médula de tus Huesos y a la profundidad de tu ser, que me alejes a mí, un miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y me ocultes de tu Rostro justamente irritado contra mí; escóndeme en tus Heridas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que fuiste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derrame de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué es lo que pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de tus sufrimientos sea renovado en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu Amor crezca en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, Tú que eres el tesoro de todo bien verdadero y toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Fuerte León, Rey Inmortal e Invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, moral y física, se agotó por completo, y bajaste tu Cabeza, diciendo: “Todo está consumado.” A través de esta angustia y dolor, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente esté muy turbada y mi alma en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Hijo único del Padre, Esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la simple y humilde recomendación que hiciste de tu Alma a tu Eterno Padre, diciendo: “Padre, en tus Manos encomiendo mi Espíritu.” Y, con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de los Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para Ti. Te ruego que a la hora de mi muerte me recibas, como a un peregrino y un exiliado que vuelve a Ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh, Jesús! Verdadera y fructífera Vid. Recuerda la abundante derrama de Sangre que vertiste tan generosamente de tu Sagrado Cuerpo como el jugo de las uvas en un lagar. Del tu Costado, atravesado por una lanza por un soldado, salió sangre y agua hasta que no quedó en tu Cuerpo ni una gota, y finalmente, como un manojo de mirra elevado en la cima de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la propia Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y la Muestra de tus Huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y del derrame de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh, Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta enteramente a Ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te sea grata, y que el final de mi vida sea tan digno de alabanza que merezca el Cielo y allí, con tus santos, te alabe para siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 10
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