Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 104
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que supera toda alegría y todo deseo, Salvación y Esperanza de todos los pecadores, que has demostrado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a ellos, recuerda todos los sufrimientos que soportaste desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan Divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiéndoles lavado los pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Más Preciosa, y al mismo tiempo que dulcemente los consolabas, les predijiste tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma mientras tú mismo testificabas diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, la angustia y el dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y elevado, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces durante la flor de tu juventud y durante la solemne temporada pascual. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido con las de la burla; que tu rostro y tus ojos fueron velados, que fuiste golpeado, coronado de espinas, con una caña puesta en tus manos, que fuiste aplastado con golpes y abrumado con afrentas y ultrajes. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con millares de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a voluntad. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y que me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra a quien nada puede contener o limitar, Tú que abarcas y sostienes todo bajo tu Poder Amante, recuerda el dolor tan amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus Sagradas Manos y Pies en la Cruz golpe tras golpe con clavos grandes y romos, y no encontrándote en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su furia, ampliaron tus heridas, y sumaron dolor a dolor, y con una crueldad indescriptible estiraron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote de todos lados, dislocando así tus miembros. Te suplico, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan Amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y de amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico Celestial, elevado en la Cruz para curar nuestras heridas con las tuyas, recuerda las contusiones que sufriste y la debilidad de todos tus miembros, que estaban extendidos hasta tal punto que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la corona de tu cabeza hasta las plantas de tus pies, no había un solo lugar en tu Cuerpo que no estuviera atormentado, y, sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Pasión Más Amarga produzca en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvados por los méritos de tu Sagrada Pasión; al mismo tiempo viste la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores desesperadamente perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente a través de la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Dulce Jesús, que en la hora de mi muerte, me muestres tu misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda la tristeza que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste clavado y elevado en la Cruz, cuando todos tus familiares y amigos te abandonaron, excepto tu amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu Madre.” Te suplico, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que con un profundo gesto de Amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!”, sufriste la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que inflames en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todos nuestros actos; y que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que probaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y en la hora de nuestra muerte, para que sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que sufriste al estar sumido en un océano de amargura ante la llegada de la muerte, insultado, ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que fuiste abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestro bien fuiste sumido en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la corona de tu cabeza. En consideración a la enormidad de tus heridas, enséñame a guardar, por puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para quienes te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus heridas que penetraron hasta la médula de tus huesos y a lo profundo de tu ser, que me apartes, miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y que me escondas de tu rostro justificadamente irritado contra mí, escóndeme en tus heridas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de Caridad, recuerda la multitud de heridas con la que estuviste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derramamiento de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué es lo que pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de tus sufrimientos sea renovado en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu Amor aumente en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, tú que eres el tesoro de todo bien real y de toda alegría, que te ruego que me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey Inmortal e Invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó por completo, y inclinaste la cabeza, diciendo: “¡Consumado es!” A través de esta angustia y tristeza, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy turbada y mi alma estará en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, esplendor y figura de su Sustancia, recuerda la sencilla y humilde entrega de tu Alma a tu Padre Eterno, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Y con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te suplico, oh Rey de los Santos, consuélame y ayúdame a resistir al diablo, a la carne y al mundo, para que muerto al mundo, viva sólo para ti. Te ruego que en la hora de mi muerte me recibas, como peregrino y exiliado que vuelve a ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid, recuerda la abundante efusión de Sangre que derramaste tan generosamente desde tu Sagrado Cuerpo como jugo de uvas en una prensa de vino. De tu costado, atravesado por una lanza por un soldado, brotó sangre y agua hasta no quedar en tu Cuerpo una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra levantado en lo alto de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la misma Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y la Miel de tus Huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y a través de la efusión de tu Preciosa Sangre, te suplico, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en mi agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Atraviesa mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta completamente a ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te sea grata, y que el final de mi vida sea tan digno de alabanza que merezca el Cielo y allí con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 104
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