Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 110
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que supera toda alegría y todo deseo, Salvación y Esperanza de todos los pecadores, que has probado que no tienes mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo incluso la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, tal como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan Divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Más Preciosos, y mientras al mismo tiempo los consolabas dulcemente, les predijiste tu inminente Pasión. Recuerda la tristeza y el amargor que experimentaste en tu Alma al dar testimonio de ti mismo diciendo: “Mi Alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías escogido y elevado, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces durante la flor de tu juventud y durante la solemne Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus prendas y vestido con ropas de burla; que tu Rostro y tus Ojos fueron velados, que te golpearon, coronaron de espinas, una caña puesta en tus Manos, que fuiste aplastado con golpes y abrumado con afrentas y ultrajes. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una sincera y completa confesión, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que sufriste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del Cielo y de la tierra a quien nada puede abarcar ni limitar, tú que envuelves y sostienes a todos bajo tu Poder Amante, recuerda el dolor más amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus Santas Manos y Pies a la Cruz golpe tras golpe con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado suficientemente lastimoso para satisfacer su rabia, agrandaron tus Heridas, y añadieron dolor a dolor, y con una crueldad indescriptible estiraron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote desde todos lados, así dislocando tus Miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan Amante de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y de amarte. Amén. Cuarta oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico Celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos tus Miembros que fueron distendidos a tal grado que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la corona de tu Cabeza hasta las plantas de tus Pies no había un solo punto de tu Cuerpo que no estuviese en tormento, y aun así, olvidando todos tus sufrimientos, no dejaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” A través de esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Más Amarga Pasión produzca en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvos por los méritos de tu Santa Pasión, viste al mismo tiempo, la gran multitud de reprobados que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores desesperadamente perdidos y desafortunados. Por el abismo de compasión y piedad, y especialmente por la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres misericordia. Amén. Sexta oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste atado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu Amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien le confiastes a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu Madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente a la hora de mi muerte. Amén. Séptima oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de Amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todos nuestros actos; y que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que degustaste en la Cruz por Amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que sirvan de remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que soportaste cuando sumido en un océano de amargura ante la muerte, insultado, ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que te había abandonado tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Por esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestra causa te sumergiste en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus Pies hasta la corona de tu Cabeza. En consideración de la enormidad de tus Heridas, enséñame a guardar, por puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para los que te aman. Amén. Undécima oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus Heridas que penetraron hasta la médula de tus Huesos y a la profundidad de tu ser, que me alejes, a mí, un miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y me escondas de tu Rostro justamente irritado contra mí, escóndeme en tus Heridas, hasta que tu ira e indignación justa hayan pasado. Amén. Duodécima oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que te cubrieron de la cabeza a los pies, desgarradas y ennegrecidas por el derramamiento de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por Amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hay que pudieses haber hecho por nosotros que no hiciste? Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu Amor crezca en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, tú que eres el tesoro de todo bien real y toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey Inmortal e Invencible, recuerda el dolor que soportaste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó por completo, inclinaste tu Cabeza, diciendo: “¡Consumado es!” Por esta angustia y dolor, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí a la hora de mi muerte, cuando mi mente estará muy turbada y mi alma en angustia. Amén. Decimocuarta oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, Esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la sencilla y humilde entrega que hiciste de tu Alma a tu Padre Eterno, diciendo: “Padre, en tus manos entrego mi Espíritu.” Y con tu Cuerpo todo desgarrado y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, Expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de Santos, consuélame y ayúdame a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para ti. Te ruego, a la hora de mi muerte, que me recibas, siendo un peregrino y un exiliado que regresa a ti. Amén. Decimoquinta oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid. Recuerda la abundante derrama de Sangre que derramaste tan generosamente de tu Sagrado Cuerpo como jugo de las uvas en un lagar. De tu Lado, atravesado por una lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en tu Cuerpo ni una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra levantado en lo alto de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la misma Sustancia de tu Cuerpo marchitándose, y la Médula de tus Huesos se secó. Por esta amarga Pasión y por el derramamiento de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en mi agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta enteramente a ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación sea agradable ante ti, y que el final de mi vida sea tan digno de alabanza que merezca el Cielo y allí con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Hazla parte del día
Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 110
Solua abre cada día con una breve oración en familia — suave para los niños, fiel a la temporada.
Comienza a orar