Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 125
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesucristo! Dulzura eterna para quienes te aman, gozo que supera todo gozo y todo deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, que has demostrado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo incluso la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiéndoles lavado los pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Preciosos, y mientras al mismo tiempo les consolaras dulcemente, les predecías tu próxima Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu alma cuando tú mismo diste testimonio diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el temor, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y elevado, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces durante la flor de tu juventud y durante la solemne Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido de las de la burla; que tu rostro y ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, un caña colocada en tus manos, que fuiste aplastado con golpes y abrumado con afrentas y agravios. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y tristeza que sufriste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra, a quien nada puede encerrar o limitar, tú que envuelves y sostienes a todos bajo tu amoroso poder, recuerda el dolor tan amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus manos y pies sagrados en la Cruz, golpe tras golpe con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su rabia, ampliaron tus llagas, y sumaron dolor a dolor, y con cruel indescriptible estiraron tu cuerpo en la cruz, tirándote desde todos los lados, así dislocando tus miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, levantado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los golpes que sufriste y la debilidad de todos tus miembros que estaban distendidos a tal grado que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la coronilla de tu cabeza hasta la planta de tus pies no había un solo lugar en tu cuerpo que no estuviese en tormento, y aun así, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Pasión más amarga pueda producir en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar, en la luz de tu divinidad, la predestinación de aquellos que serían salvados por los méritos de tu sagrada Pasión, viste al mismo tiempo, la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores irremediablemente perdidos y desafortunados. Por el abismo de compasión y piedad, y especialmente por la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres tu misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste fijado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu amada Madre, que permaneció a tu lado durante tu agonía y a quien entregaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu Madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y me asistas en todas mis pruebas, y especialmente a la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que con un profundo gesto de amor, dijiste desde la cruz: “¡Tengo sed!” sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todas nuestras acciones; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que degustaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Cuerpo y Sangre Preciosos durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que soportaste cuando sumido en un océano de amargura ante la cercanía de la muerte, insultado y ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que estabas abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestra causa fuiste sumergido en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la coronilla de tu cabeza. En consideración de la enormidad de tus llagas, enséñame a guardar, a través del puro amor, tus mandamientos, cuyo camino es amplio y fácil para quienes te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus llagas que penetraron hasta la médula de tus huesos y a lo más profundo de tu ser, que me atraigas, a mí, miserable pecador, abrumado por mis ofensas, lejos del pecado y me escondas de tu rostro, que está justamente irritado contra mí, escóndeme en tus llagas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la verdad, símbolo de la unidad, vínculo de la caridad, recuerda la multitud de heridas con las que fuiste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derramamiento de tu adorable sangre. ¡Oh gran y universal dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hay que pudieras haber hecho por nosotros que no hiciste? Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu amor crezca en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, tú que eres el tesoro de todo bien real y toda alegría, que te ruego que me concedas, oh dulcísimo Jesús, en el cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte león, rey inmortal e invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó por completo, inclinaste tu cabeza, diciendo: “Está consumado.” A través de esta angustia y tristeza, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí a la hora de mi muerte, cuando mi mente esté muy turbada y mi alma en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, esplendor y figura de su sustancia, recuerda la sencilla y humilde recomendación que hiciste de tu alma a tu eterno Padre, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Y con tu cuerpo todo desgarrado, y tu corazón quebrantado, y las entrañas de tu misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta preciosa muerte, te ruego, oh Rey de los Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para ti. Te ruego, a la hora de mi muerte, que me recibas, un peregrino y un exiliado que vuelve a ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! ¡V verdadera y fructífera vid! Recuerda la abundante efusión de sangre que tan generosamente derramaste de tu sagrado cuerpo como jugo de las uvas en un lagar. De tu costado, herido con una lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en tu cuerpo una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra levantado en la cima de la cruz, tu delicada carne fue destruida, la misma sustancia de tu cuerpo se marchitó, y la médula de tus huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y del derramamiento de tu preciosa sangre, te ruego, oh dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh dulce Jesús! Traspasa mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que pueda convertirme enteramente a ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación sea grata a ti, y que el final de mi vida sea tan laudable que merezca el cielo y allí, con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 125
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