Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 167
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para quienes te aman, alegría que supera toda alegría y deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, que has probado que no tienes mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, como fue decretado y ordenado desde toda eternidad en el plan Divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les entregaste tu Cuerpo y Sangre más preciosos, y mientras al mismo tiempo los consolabas dulcemente, les vaticinaste tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma cuando tú mismo diste testimonio diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que padeciste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, tras haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y elevado, acusado por testigos falsos, juzgado injustamente por tres jueces en la flor de tu juventud y durante la solemnidad de la Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido de las de la burla; que tu rostro y ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, una caña puesta en tus manos, que fuiste aplastado con golpes y abrumado con afrentas e indignidades. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contricción, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a su antojo. En consideración de estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y que me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra a quien nada puede abarcar o limitar, Tú que sostienes todo bajo tu poder amoroso, recuerda el dolor muy amargo que sufriste cuando los judíos crucificaron tus manos y pies sagrados con golpe tras golpe de clavos gruesos y, al no encontrarte en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su rabia, ensancharon tus llagas, y añadieron dolor a dolor, y con crueldad indescriptible estiraron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote de todos lados, dislocando así tus miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, levantado en alto en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la corona de tu cabeza hasta las plantas de tus pies no había un solo lugar en tu cuerpo que no estuviese en tormento, y aun así, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu más amarga Pasión pueda producir en nosotros una perfecta contricción y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de tu divinidad la predestinación de aquellos que serían salvos por los méritos de tu Sagrada Pasión, y al mismo tiempo, viste la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores desgraciadamente perdidos. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente a través de la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Dulce Jesús, que en la hora de mi muerte, me muestres tu misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y deseado, recuerda la angustia que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste fijado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, ahí está tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, ahí está tu madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de tristeza que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste la sed de la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todos nuestros actos; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que saboreaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y en la hora de nuestra muerte, para que sirvan como un remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que soportaste cuando, sumido en un océano de amargura ante la aproximación de la muerte, insultado y ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que habías sido abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestro bien te sumergiste en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la corona de tu cabeza. En consideración a la enormidad de tus llagas, enséñame a guardar, por puro amor, tus mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para quienes te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus llagas que penetraron hasta la médula de tus huesos y la profundidad de tu ser, que me alejes, miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y que me escondas de tu rostro justamente irritado contra mí,escóndeme en tus llagas, hasta que tu ira y justa indignación hayan cesado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la verdad, símbolo de unidad, vínculo de caridad, recuerda la multitud de llagas con las que estuviste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y ennegrecido por el derramamiento de tu adorable Sangre. ¡Oh gran y universal dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hay que pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho! Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma mediante el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu amor aumente en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, Tú que eres el tesoro de todo bien real y de toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte león, Rey inmortal e invencible, recuerda el dolor que soportaste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó completamente, te inclinaste la cabeza, diciendo: “Todo está consumado.” A través de esta angustia y tristeza, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy turbada y mi alma en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, esplendor y figura de su sustancia, recuerda la sencilla y humilde recomendación que hiciste de tu alma a tu Padre eterno, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Y con tu cuerpo todo desgarrado, y tu corazón roto, y las entrañas de tu misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta muerte preciosa, te ruego, oh Rey de los Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para ti. Te ruego que en la hora de mi muerte me recibas, peregrino y exiliado, que regreso a ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera vid. Recuerda la abundante efusión de Sangre que derramaste tan generosamente de tu Sagrado Cuerpo como jugo de uvas en un lagar. De tu costado, atravesado por una lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en tu cuerpo una sola gota, y finalmente, como un bulto de mirra levantado en la cima de la Cruz, tu delicada carne fue destruida, la misma sustancia de tu cuerpo se marchitó, y la médula de tus huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y del derramamiento de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en la agonía de la muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Traspasa mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que yo me convierta enteramente a ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te agrade, y que el final de mi vida sea tan alabado que merezca el Cielo y allí, con tus santos, te alabe para siempre. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 167
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