Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 207
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que supera toda alegría y todo deseo, Salvación y Esperanza de todos los pecadores, que has probado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo incluso la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, tal como fue decretado y ordenado desde toda eternidad en el plan divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Preciosos, y mientras al mismo tiempo los consolabas dulcemente, les anunciabas tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma al dar testimonio tú mismo diciendo: "Mi Alma está triste hasta la muerte." Recuerda todo el temor, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, tras haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y elevado, acusado por falsos testigos, injustamente juzgado por tres jueces durante la flor de tu juventud y durante la solemne Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido de ropas de burla; que tu Rostro y Ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, un junco puesto en tus Manos, que fuiste aplastado a golpes y abrumado con afrentas y deshonras. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inusitadas, te atormentaron a voluntad. En consideración de estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del Cielo y de la tierra, a quien nada puede abarcar o limitar, Tú que envuelves y sostienes a todos bajo tu Amoroso poder, recuerda el dolor tan amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus Sagradas Manos y Pies en la Cruz golpe tras golpe con grandes clavos, y no encontrándote en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su rabia, agrandaron tus Heridas, y añadieron dolor a dolor, y con indescriptible crueldad estiraron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote de todos lados, dislocando así tus Miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan Amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los golpes que sufriste y la debilidad de todos tus Miembros que se distendieron hasta tal punto que nunca hubo un dolor como el tuyo. Desde la corona de tu Cabeza hasta las Plantas de tus Pies no había un solo lugar en tu Cuerpo que no estuviera en tormento, y sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concédenos que el recuerdo de tu Pasión más Amarga pueda obrar en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste al contemplar en la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvados por los méritos de tu Sagrada Pasión, y al mismo tiempo viste la gran multitud de reprobados que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente por la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso." Te ruego, oh Dulce Jesús, que al llegar la hora de mi muerte, me muestres tu misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste atado y elevado en la Cruz, cuando todos tus familiares y amigos te abandonaron, excepto tu Amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando dijiste a María: "Mujer, he ahí a tu hijo!" y a San Juan: "Hijo, he ahí a tu Madre!" Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de Amor, dijiste desde la Cruz: "¡Tengo sed!" sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que inflames en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todas nuestras acciones; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que degustaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que soportaste al estar sumergido en un océano de amargura ante la proximidad de la muerte, insultado y afrentado por los judíos, gritaste en alta voz que estabas abandonado por tu Padre, diciendo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestra causa fuiste sumergido en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus Pies hasta la corona de tu Cabeza. En consideración de la enormidad de tus Heridas, enséñame a guardar, a través del puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es amplio y fácil para quienes te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus Heridas que penetraron hasta el mismo tuétano de tus Huesos y hasta la profundidad de tu ser, que me apartes, a mí miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y me escondas de tu Rostro justamente irritado contra mí, escóndeme en tus Heridas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de la unidad, vínculo de la Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que fuiste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derramamiento de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hay que pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho! Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma por la fiel memoria de tu Pasión, y que tu Amor aumente en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, Tú que eres el tesoro de todo bien real y toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey inmortal e invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó por completo, inclinaste tu Cabeza, diciendo: "Todo está consumado!" A través de esta angustia y tristeza, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy turbada y mi alma en agonía. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, Esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la simple y humilde recomendación que hiciste de tu Alma a tu Padre Eterno, diciendo: "Padre, en tus Manos encomiendo mi Espíritu!" Y con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de Santos, consuélame y ayúdame a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para Ti. Te pido que en la hora de mi muerte me recibas, como a un peregrino y un exiliado que regresa a Ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid! Recuerda el abundante derramamiento de Sangre que vertiste tan generosamente de tu Sagrado Cuerpo como jugo de uvas en un lagar. De tu Costado, atravesado por una lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en tu Cuerpo una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra levantado en la cima de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la misma Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y el Tuétano de tus Huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y del derramamiento de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en la agonía de la muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta completamente a Ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te sea grata, y que el final de mi vida sea tan loable que merezca el Cielo y allí, con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 207
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