Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 234
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que sobrepasa toda alegría y todo deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, que has demostrado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has padecido desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan Divino. Recuerda, oh Señor, que en la Última Cena con tus discípulos, después de lavarles los pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Preciosísimos, y mientras a la vez los consolabas dulcemente, les profetizaste tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma cuando tú mismo lo atestiguaste diciendo: “Mi Alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías escogido y elevado, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces durante la flor de tu juventud y durante la solemne Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido con ropas de burla; que tu rostro y tus ojos estaban velados, que fuiste golpeado, coronado de espinas, una caña puesta en tus manos, que fuiste aplastado a golpes y abrumado con afrentas y ofensas. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que padeciste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpearon, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a voluntad. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y que me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra a quien nada puede encerrar o limitar, tú que envuelves y mantienes todo bajo tu poder amoroso, recuerda el dolor muy amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus Sagradas Manos y Pies en la Cruz golpe tras golpe con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su ira, ampliaron tus Heridas, y añadieron dolor a dolor y con crueldad indescriptible estiraron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote de todos lados, desplazando así tus miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y de amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico Celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos tus Miembros que fueron distendidos a tal grado que nunca hubo dolor como el tuyo. Desde la corona de tu Cabeza hasta las plantas de tus Pies no había ni un solo lugar en tu Cuerpo que no estuviese atormentado, y sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Más Amarga Pasión pueda producir en nosotros una contrición perfecta y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvos por los méritos de tu Sagrada Pasión, viste al mismo tiempo, la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores irremediablemente perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente a través de la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Este día estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Jesús dulce, que a la hora de mi muerte me muestres misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y deseado, recuerda el sufrimiento que padeciste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste clavado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu Amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu Madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente a la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que con un profundo gesto de Amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todos nuestros actos; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, delicia del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que probaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Cuerpo y Sangre Preciosos durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que sirvan como un remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que sufriste cuando sumergido en un océano de amargura ante la muerte, insultado, agredido por los judíos, clamaste a gran voz que habías sido abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestro bien fuiste sumergido en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la corona de tu cabeza. En consideración de la enormidad de tus heridas, enséñame a guardar, por puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para los que te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus Heridas que penetraron hasta la médula de tus Huesos y a la profundidad de tu ser, que me alejes, a mí, un miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y que me escondas de tu Faz justamente irritada contra mí, escóndeme en tus Heridas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de la Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que fuiste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derrame de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hay que pudiste hacer por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma con el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu Amor aumente en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, Tú que eres el tesoro de todo bien verdadero y toda alegría, que te pido que me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey Inmortal e Invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó por completo, inclinaste tu Cabeza, diciendo: “Todo está consumado.” A través de esta angustia y pena, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí a la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy perturbada y mi alma en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo Único del Padre, Esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la simple y humilde recomendación que hiciste de tu Alma a tu Eterno Padre, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”. Y con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de Santos, consuélame y ayúdame a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto al mundo, viva solo para Ti. Te ruego, a la hora de mi muerte, que me recibas, a mí, un peregrino y un exiliado regresando a Ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid, recuerda el abundante derrame de Sangre que tan generosamente derramaste de tu Sagrado Cuerpo como jugo de uvas en un lagar. De tu Costado, atravesado por una lanza por un soldado, brotó sangre y agua hasta que no quedó en tu Cuerpo una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra elevado en la cúspide de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la misma Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y la Miel de tus Huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y por el derrame de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en mi agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Traspasa mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta del todo a Ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación sea agradable a Ti, y que el final de mi vida sea tan alabable que merezca el Cielo y allí, con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 234
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