Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 347
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para quienes te aman, gozo que supera todo gozo y todo deseo, Salvación y Esperanza de todos los pecadores, que has probado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, incluso asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a los hombres, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, tal como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Preciosa, y mientras al mismo tiempo los consolabas dulcemente, les predecías tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma cuando tú mismo testificaste diciendo: “Mi Alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el temor, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y levantado, acusado por falsos testigos, injustamente juzgado por tres jueces durante el esplendor de tu juventud y durante la solemnidad de la Pascua. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y cubierto con ropas de burla; que tu Rostro y Ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, con una caña puesta en tus Manos, que recibiste golpes y te abrumaron con afrentas y ultrajes. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que sufriste cuando tus enemigos, como feroces leones, te rodearon, y a base de miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaron a voluntad. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra a quien nada puede abarcar o limitar, tú que envuelves y sostienes a todos bajo tu poder amoroso, recuerda el amargo dolor que sufriste cuando los judíos clavaron tus Sagradas Manos y Pies en la Cruz golpe tras golpe con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su ira, agrandaron tus Heridas, y añadieron dolor a dolor, y con indescriptible crueldad tendieron tu Cuerpo en la Cruz, tirándote por todos lados, así dislocando tus Miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las Tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos tus Miembros que se distendieron hasta tal grado que nunca hubo dolor igual al tuyo. Desde la corona de tu Cabeza hasta las Plantas de tus Pies, no había un solo punto en tu Cuerpo que no estuviera atormentado, y sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no cesaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de tu Más Amarga Pasión pueda producir en nosotros una contrición perfecta y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste al contemplar en la luz de tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvados por los méritos de tu Sagrada Pasión, viste al mismo tiempo, la gran multitud de reprobados que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de aquellos pecadores perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente a través de la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh Dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y deseado, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste atado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, excepto tu Amada Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Y a San Juan: “Hijo, ahí tienes a tu Madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en toda mi aflicción y tribulación, tanto corporal como espiritual, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de Amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste la sed por la salvación de la humanidad. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de tender a la perfección en todos nuestros actos; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, delicia del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que degustaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Cuerpo y Sangre Preciosos durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que nos sirvan de remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que sufriste al estar sumido en un océano de amargura ante la aproximación de la muerte, insultado, ultrajado por los judíos, clamaste en voz alta que habías sido abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Por esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestra causa te sumergiste en un abismo de sufrimiento desde las Plantas de tus Pies hasta la corona de tu Cabeza. En consideración a la enormidad de tus Heridas, enséñame a guardar, por puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para quienes te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus Heridas que penetraron hasta lo más profundo de tus Huesos y hasta la profundidad de tu ser, que me apartes, un miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y me escondas de tu Rostro justamente irritado contra mí, escóndeme en tus Heridas, hasta que tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de la Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que estuviste cubierto de pies a cabeza, desgarradas y enrojecidas por el derrame de tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulce Jesús! ¿Qué es lo que pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu Amor aumente en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, tú que eres el tesoro de todo bien real y toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey Inmortal e Invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fuerza, tanto moral como física, se agotó, inclinaste tu Cabeza, diciendo: “Todo está consumado.” Por esta angustia y dolor, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy turbada y mi alma estará en angustia. Amén. Decimocuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo Unigénito del Padre, Esplendor y figura de su Sustancia, recuerda la simple y humilde recomendación que hiciste de tu Alma a tu Padre Eterno, diciendo: “Padre, en tus Manos encomiendo mi Espíritu.” Y con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de los Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, la carne y el mundo, para que, muerto para el mundo, viva solo para Ti. Te ruego, que a la hora de mi muerte me recibas, un peregrino y un exiliado que regresa a Ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid. Recuerda la abundante efusión de Sangre que derramaste tan generosamente de tu Cuerpo Sagrado como jugo de uvas en un lagar. De tu costado, atravesado por una lanza por un soldado, salió agua y sangre hasta no quedar en tu Cuerpo ni una sola gota, y finalmente, como un racimo de mirra levantado en la cima de la Cruz, tu delicada Carne fue destrazada, la misma Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y la Médula de tus Huesos se secó. Por esta amarga Pasión y por el derrame de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en mi agonía mortal. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que me convierta enteramente a Ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te sea grata, y que el fin de mi vida sea tan digno de alabanza que merezca el Cielo y allí, con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 347
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