Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 98
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Dulzura eterna para los que te aman, alegría que sobrepasa toda alegría y todo deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, que has demostrado que no deseas nada más que estar entre los hombres, asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a ellos, recuerda todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción, y especialmente durante tu Pasión, tal como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste tu Cuerpo y Sangre Más Preciosos, y mientras los consolabas dulcemente, les predecías tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en tu Alma cuando tú mismo diste testimonio diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que sufriste en tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías escogido y elevado, acusado por falsos testigos, injustamente juzgado por tres jueces durante el florecimiento de tu juventud y durante la solemne temporada pascual. Recuerda que fuiste despojado de tus vestiduras y vestido con las de la burla; que tu rostro y tus ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, con una caña en tus manos, que fuiste aplastado a golpes y abrumado con afrentas y ofensas. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de delicias, recuerda el horror y la tristeza que soportaste cuando tus enemigos, como leones furiosos, te rodeaban, y a través de miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, te atormentaban a su antojo. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te ruego, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra a quien nada puede abarcar o limitar, tú que envuelves y sostienes todo bajo tu poder amoroso, recuerda el dolor muy amargo que sufriste cuando los judíos clavaron tus manos y pies sagrados en la Cruz golpe tras golpe con grandes clavos romos, y no encontrándote en un estado suficientemente lastimoso para satisfacer su rabia, agrandaron tus heridas, y añadieron dolor a dolor, y con una crueldad indescriptible estiraron tu cuerpo en la Cruz, desgarrando tus extremidades. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y de amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, elevado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos tus miembros, que fueron distendidos de tal manera que nunca hubo un dolor como el tuyo. Desde la coronilla de tu cabeza hasta las plantas de tus pies no había un solo lugar en tu cuerpo que no estuviese en tormento, y, sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no dejaste de orar a tu Padre Celestial por tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran Misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concédeme que el recuerdo de tu Pasión Más Amarga produzca en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de tu Divinidad la predestinación de los que serían salvados por los méritos de tu Sagrada Pasión, viste al mismo tiempo, la gran multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados, y te quejaste amargamente de esos pecadores perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente a través de la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te ruego, oh dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres tu misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda la tristeza que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste clavado y elevado en la Cruz, cuando todos tus parientes y amigos te abandonaron, salvo tu querida Madre, que permaneció cerca de ti durante tu agonía y a quien confiaste a tu fiel discípulo cuando dijiste a María: “Mujer, he ahí a tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre.” Te ruego, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de tu santa Madre, que tengas compasión de mí en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y que me asistas en todas mis pruebas, y especialmente a la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de amor, dijiste desde la Cruz: “Tengo sed!” sufriste de la sed por la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que enciendas en nuestros corazones el deseo de buscar la perfección en todos nuestros actos; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y del hiel que probaste en la Cruz por amor a nosotros, concédenos la gracia de recibir dignamente tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que nos sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que sufriste cuando sumido en un océano de amargura ante la llegada de la muerte, insultado, ofendido por los judíos, clamaste en voz alta que habías sido abandonado por tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Por esta angustia, te ruego, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Tú que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nosotros fuiste sumido en un abismo de sufrimiento desde las plantas de tus pies hasta la coronilla de tu cabeza. En consideración de la enormidad de tus heridas, enséñame a guardar, mediante el puro amor, tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para los que te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de tus heridas que penetraron hasta la médula de tus huesos y a la profundidad de tu ser, que me alejes, miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y que me escondas de tu rostro, correctamente irritado contra mí, escóndeme en tus heridas, hasta que tu ira e indignación justas hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que fuiste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derramamiento de tu adorable Sangre. ¡Oh gran y universal dolor que sufriste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué más podrías haber hecho por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de tus sufrimientos se renueve en mi alma por el fiel recuerdo de tu Pasión, y que tu amor crezca en mi corazón cada día, hasta que te vea en la eternidad, tú que eres el tesoro de todo bien real y de toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el Cielo. Amén. Décima tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuerte León, Rey inmortal e invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda tu fortaleza, tanto moral como física, estaba completamente agotada, inclinaste tu cabeza, diciendo: “Consumado es!” Por esta angustia y sufrimiento, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí a la hora de mi muerte, cuando mi mente esté muy turbada y mi alma en angustia. Amén. Décima cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la sencilla y humilde recomendación que hiciste de tu alma a tu Padre Eterno, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y con tu Cuerpo todo desgarrado, y tu Corazón roto, y las entrañas de tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de los Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, a la carne y al mundo, para que, muerto al mundo, viva sólo para ti. Te ruego, que a la hora de mi muerte me recibas, como peregrino y exiliado que regresa a ti. Amén. Décima quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vid! Recuerda el abundante derrame de Sangre que tan generosamente derramaste de tu Sagrado Cuerpo como si fuese zumo de uvas en un lagar. De tu costado, atravesado con lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en tu Cuerpo ni una sola gota, y finalmente, como un racimo de mirra levantado en lo alto de la Cruz, tu delicada Carne fue destruida, la misma Sustancia de tu Cuerpo se marchitó, y la médula de tus huesos se secó. Por esta amarga Pasión y por el derrame de tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que reciba mi alma cuando esté en mi agonía. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que yo me convierta enteramente a Ti, que mi corazón sea tu morada perpetua, que mi conversación te sea grata, y que el final de mi vida sea tan loable que merezca el Cielo y allí con tus santos, te alabe por siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 98
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