Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 99
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Primera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús Cristo! Eternidad de dulzura para quienes Te aman, alegría que supera toda alegría y todo deseo, salvación y esperanza de todos los pecadores, Tú que has demostrado no tener mayor deseo que estar entre los hombres, asumiendo la naturaleza humana en la plenitud del tiempo por amor a ellos, recuerda todos los sufrimientos que soportaste desde el instante de Tu concepción, y especialmente durante Tu Pasión, como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad en el plan divino. Recuerda, oh Señor, que durante la Última Cena con Tus discípulos, habiendo lavado sus pies, les diste Tu Cuerpo y Sangre Más Preciados, y mientras al mismo tiempo los consolabas dulcemente, les profetizaste Tu venidera Pasión. Recuerda la tristeza y amargura que experimentaste en Tu alma mientras Tú mismo atestiguabas, diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” Recuerda todo el miedo, angustia y dolor que sufriste en Tu delicado Cuerpo antes del tormento de la crucifixión, cuando, después de haber orado tres veces, bañado en un sudor de sangre, fuiste traicionado por Judas, Tu discípulo, arrestado por el pueblo de una nación que habías elegido y elevado, acusado por falsos testigos, injustamente juzgado por tres jueces en la flor de Tu juventud y durante la solemne Pascua. Recuerda que fuiste despojado de Tus vestiduras y vestido de ropas de burla; que Tu rostro y Tus ojos fueron velados, que fuiste abofeteado, coronado de espinas, una caña puesta en Tus manos, que fuiste aplastado a golpes y abrumado con afrentas y ofensas. En memoria de todos estos dolores y sufrimientos que soportaste antes de Tu Pasión en la Cruz, concédeme antes de mi muerte verdadera contrición, una confesión sincera y completa, satisfacción digna y la remisión de todos mis pecados. Amén. Segunda Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera libertad de los ángeles, Paraíso de deleites, recuerda el horror y la tristeza que sufriste cuando Tus enemigos, como leones furiosos, Te rodearon, y con miles de insultos, escupitajos, golpes, laceraciones y otras crueldades inauditas, Te atormentaron a voluntad. En consideración a estos tormentos y palabras insultantes, te suplico, oh mi Salvador, que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me lleves, bajo Tu protección, a la perfección de la salvación eterna. Amén. Tercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Creador del cielo y de la tierra, a quien nada puede contener o limitar, Tú que envuelves y sostienes todo bajo Tu poder amoroso, recuerda el dolor tan amargo que sufriste cuando los judíos clavaron Tus Sagradas Manos y Pies a la Cruz golpe tras golpe, con grandes clavos romos, y al no encontrarte en un estado lo suficientemente lastimoso para satisfacer su ira, agrandaron Tus heridas, añadiendo dolor a dolor, y con crueldad indescriptible estiraron Tu Cuerpo en la Cruz, tirando de Ti por todos lados, dislocando así Tus miembros. Te ruego, oh Jesús, por la memoria de este sufrimiento tan amoroso de la Cruz, que me concedas la gracia de temerte y amarte. Amén. Cuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Médico celestial, levantado en la Cruz para sanar nuestras heridas con las Tuyas, recuerda los moretones que sufriste y la debilidad de todos Tus miembros que se distendieron tanto que nunca hubo dolor igual al Tuyo. Desde la corona de Tu cabeza hasta las plantas de Tus pies no hubo un solo lugar en Tu Cuerpo que no estuviera en tormento, y sin embargo, olvidando todos Tus sufrimientos, no cesaste de orar a Tu Padre Celestial por Tus enemigos, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por esta gran misericordia, y en memoria de este sufrimiento, concede que el recuerdo de Tu Más Amarga Pasión pueda efectar en nosotros una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados. Amén. Quinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de esplendor eterno, recuerda la tristeza que experimentaste, al contemplar a la luz de Tu Divinidad la predestinación de aquellos que serían salvados por los méritos de Tu Sagrada Pasión; al mismo tiempo viste la gran multitud de reprobados que serían condenados por sus pecados, y Te quejaste amargamente de esos pecadores desesperadamente perdidos y desafortunados. A través del abismo de compasión y piedad, y especialmente por la bondad que mostraste al buen ladrón cuando le dijiste: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Te suplico, oh Dulce Jesús, que a la hora de mi muerte, me muestres misericordia. Amén. Sexta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Rey amado y más deseado, recuerda el dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común, fuiste fijado y levantado en la Cruz, cuando todos Tus parientes y amigos Te abandonaron, excepto Tu amada Madre, quien permaneció cerca de Ti durante Tu agonía y a quien confiaste a Tu fiel discípulo cuando le dijiste a María: “Mujer, he ahí tu hijo.” y a San Juan: “Hijo, he ahí tu madre.” Te suplico, oh mi Salvador, por la espada de dolor que atravesó el alma de Tu santa Madre, que tengas compasión de mí en toda mi aflicción y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, y me asistas en todas mis pruebas, y especialmente a la hora de mi muerte. Amén. Séptima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Fuente inagotable de compasión, que por un profundo gesto de amor, dijiste desde la Cruz: “¡Tengo sed!” sufriste por la sed de la salvación de la raza humana. Te ruego, oh mi Salvador, que inflames en nuestros corazones el deseo de tender hacia la perfección en todas nuestras acciones; y que apagues en nosotros la concupiscencia de la carne y el ardor de los deseos mundanos. Amén. (mencione aquí su petición…) Octava Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Dulzura de los corazones, deleite del espíritu, por la amargura del vinagre y la hiel que probaste en la Cruz por amor a nosotros, danos la gracia de recibir dignamente Tu Precioso Cuerpo y Sangre durante nuestra vida y a la hora de nuestra muerte, para que sirvan como remedio y consuelo para nuestras almas. Amén. Novena Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Virtud real, alegría de la mente, recuerda el dolor que sufriste cuando sumergido en un océano de amargura ante la aproximación de la muerte, insultado y afrentado por los judíos, clamas en voz alta que estabas abandonado por Tu Padre, diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A través de esta angustia, te suplico, oh mi Salvador, que no me abandones en los terrores y dolores de mi muerte. Amén. Décima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Que eres el principio y el fin de todas las cosas, vida y virtud, recuerda que por nuestro bien te sumergiste en un abismo de sufrimiento desde las plantas de Tus pies hasta la corona de Tu cabeza. En consideración a la enormidad de Tus heridas, enséñame a guardar, por puro amor, Tus Mandamientos, cuyo camino es ancho y fácil para quienes Te aman. Amén. Undécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Profundo abismo de misericordia, te ruego, en memoria de Tus heridas que penetraron hasta la médula de Tus huesos y a la profundidad de Tu ser, que me alejes, miserable pecador, abrumado por mis ofensas, del pecado y me escondas de Tu Rostro, justamente irritado contra mí, escóndeme en Tus heridas, hasta que Tu ira y justa indignación hayan pasado. Amén. Duodécima Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, símbolo de unidad, vínculo de Caridad, recuerda la multitud de heridas con las que estuviste cubierto de pies a cabeza, desgarrado y enrojecido por el derramamiento de Tu adorable Sangre. ¡Oh Gran y Universal Dolor que sufriste en Tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué más pudiste haber hecho por nosotros que no hayas hecho? Que el fruto de Tus sufrimientos se renueve en mi alma por el fiel recuerdo de Tu Pasión, y que Tu amor aumente en mi corazón cada día, hasta que Te vea en la eternidad, Tú que eres el tesoro de todo bien verdadero y de toda alegría, que te ruego me concedas, oh Dulcísimo Jesús, en el cielo. Amén. Decimotercera Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! León fuerte, Rey inmortal e invencible, recuerda el dolor que sufriste cuando toda Tu fuerza, tanto moral como física, estaba completamente agotada, inclinaste Tu Cabeza, diciendo: “¡Consumado es!” A través de esta angustia y tristeza, te ruego, Señor Jesús, que tengas misericordia de mí a la hora de mi muerte cuando mi mente estará muy inquieta y mi alma estará en angustia. Amén. Decimacuarta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Hijo único del Padre, esplendor y figura de Su Sustancia, recuerda la sencilla y humilde recomendación que hiciste de Tu alma a Tu Padre Eterno, diciendo: “¡Padre, en Tus manos encomiendo Mi Espíritu!” Y con Tu Cuerpo todo desgarrado, y Tu Corazón roto, y las entrañas de Tu Misericordia abiertas para redimirnos, expiraste. Por esta Preciosa Muerte, te ruego, oh Rey de Santos, que me consueles y me ayudes a resistir al diablo, la carne y el mundo, de manera que muerto al mundo, viva solo para Ti. Te ruego, que a la hora de mi muerte me recibas, peregrino y exiliado, que regreso a Ti. Amén. Decimoquinta Oración Padre Nuestro - Ave María ¡Oh Jesús! Verdadera y fructífera Vides! Recuerda la abundante derrama de Sangre que tan generosamente derramaste de Tu Sagrado Cuerpo como jugo de uvas en un lagar. De Tu Lado, atravesado con una lanza por un soldado, brotaron sangre y agua hasta que no quedó en Tu Cuerpo ni una sola gota, y finalmente, como un manojo de mirra elevado a la cima de la Cruz, Tu delicada carne fue destruida, la misma sustancia de Tu cuerpo se marchitó, y la médula de Tus huesos se secó. A través de esta amarga Pasión y a través de la derrama de Tu Preciosa Sangre, te ruego, oh Dulce Jesús, que recibas mi alma cuando esté en mi agonía de muerte. Amén. Conclusión ¡Oh Dulce Jesús! Perfora mi corazón para que mis lágrimas de penitencia y amor sean mi pan día y noche; que yo me convierta enteramente a Ti, que mi corazón sea Tu morada perpetua, que mi conversación sea agradable a Ti, y que el fin de mi vida sea tan digno de alabanza que merezca el Cielo y allí, con Tus santos, Te alabe para siempre. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena de un año a Santa Brígida de Suecia - Día 99
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