Novena a San José - Día 5
En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. San José, yo, tu hijo indigno, te saludo. Eres el fiel protector e intercesor de todos los que te aman y te veneran. Sabes que tengo una especial confianza en ti y que, después de Jesús y María, coloco toda mi esperanza de salvación en ti, pues eres especialmente poderoso ante Dios y nunca abandonarás a tus fieles siervos. Por esto te invoco humildemente y me encomiendo, junto a todos los que me son queridos y todo lo que me pertenece, a tu intercesión. Te ruego, por tu amor a Jesús y a María, que no me abandones en la vida y que me asistas en la hora de mi muerte. Glorioso San José, esposo de la Virgen Inmaculada, obtén para mí una mente pura, humilde y caritativa, y una perfecta resignación a la divina Voluntad. Sé mi guía, mi padre y mi modelo a lo largo de la vida, para que pueda merecer morir como tú lo hiciste en los brazos de Jesús y María. Amoroso San José, fiel seguidor de Jesucristo, elevo mi corazón a ti para implorar tu poderosa intercesión a fin de obtener del Corazón Divino de Jesús todas las gracias necesarias para mi bienestar espiritual y temporal, particularmente la gracia de una muerte feliz y la gracia especial que imploro en este momento: (mencione aquí su petición…) Guardador de la Palabra Encarnada, confío en que tus oraciones a mi favor serán escuchadas con gracia ante el trono de Dios. Amén. San José, agradezco a Dios por tu privilegio de ser el Patrón de la Iglesia. Como signo de tu propia gratitud hacia Dios, obtén para mí la gracia de vivir siempre como un miembro digno de esta Iglesia, para que, a través de ella, pueda salvar mi alma. Bendice a los sacerdotes, a los religiosos y a los laicos de la Iglesia Católica, para que siempre crezcan en el amor de Dios y en la fidelidad a Su servicio. Protege a la Iglesia de los males de nuestro día y de la persecución de sus enemigos. Por tu poderosa intercesión, que la Iglesia cumpla con éxito su misión en este mundo: ¡la gloria de Dios y la salvación de las almas! Recuerda, esposo más puro de María, siempre Virgen, mi protector amoroso, San José, que nunca nadie ha recurrido a tu protección o ha pedido tu ayuda sin obtener alivio. Confiando, por tanto, en tu bondad, me presento ante ti y te imploro humildemente. No desprecies mis súplicas, padre adoptivo del Redentor, sino acéptalas con bondad. Amén. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Recen juntos: Novena a San José - Día 5
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