Lectura del Evangelio según San Juan
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre
y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás,
y María de Magdala.
Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba,
le dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”
Luego dijo al discípulo:
“Ahí tienes a tu madre.”
Y desde esa hora el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado,
para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed.”
Había allí un recipiente lleno de vinagre.
Entonces, empaparon una esponja en vinagre,
y la pusieron en una caña, y se la acercaron a la boca.
Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo:
“Todo está consumado.”
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Ahora bien, como era el día de la preparación,
para que los cuerpos no permanecieran en la cruz durante el sábado,
porque aquel sábado era un día solemne,
los judíos pidieron a Pilato que les quebraran las piernas
y los quitaran de allí.
Así que los soldados vinieron y quebraron las piernas del primero
y luego del otro que había sido crucificado con Jesús.
Pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto,
no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza,
y al instante salió sangre y agua.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
