Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
Cuando Jesús entró en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le suplicó, diciendo: “Señor, mi criado está en casa, paralítico, y sufre mucho.” Él le dijo: “Voy a curarlo.” El centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre bajo autoridad, y tengo soldados a mis órdenes; y digo a uno: ‘Ve’, y va; y a otro: ‘Ven aquí’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.” Al oír esto, Jesús se maravilló y dijo a los que lo seguían: “En verdad les digo que en nadie de Israel he hallado tanta fe. Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes.” Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y como has creído, te sea hecho.” Y en esa misma hora su criado fue sanado. Jesús entró en la casa de Pedro y vio a su suegra postrada en cama con fiebre. Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados, y él expulsó los espíritus con una palabra y sanó a todos los enfermos, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
