Lectura del Libro de los Proverbios 31:10-13, 19-20, 30-31
Cuando uno encuentra una esposa digna,
su valor es mucho más que el de las perlas.
Su marido, confiando en su corazón,
tiene un premio inagotable.
Ella le trae bien, y no mal,
todos los días de su vida.
Obtiene lana y lino
y trabaja con manos amorosas.
Pone sus manos en la rueca,
y sus dedos hilan el huso.
Extiende sus manos hacia los pobres,
y abre sus brazos a los necesitados.
El encanto es engañoso y la belleza efímera;
la mujer que teme al SEÑOR es digna de alabanza.
Dadle recompensa por sus labores,
y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
