Lectura de la Segunda Carta de San Pedro 3:8-14
No ignoren este hecho, amados:
que para el Señor un día es como mil años
y mil años como un día.
El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos consideran la “tardanza”,
sino que es paciente con ustedes,
no deseando que nadie perezca,
sino que todos lleguen al arrepentimiento.
Pero el día del Señor vendrá como ladrón,
y entonces los cielos pasarán con un gran estruendo
y los elementos serán deshechos por el fuego,
y la tierra y todo lo que en ella se ha hecho será descubierto.
Puesto que todo ha de ser deshecho de esta manera,
¿qué clase de personas deben ser ustedes,
conduciéndose en santidad y piedad,
esperando y apresurando la venida del día de Dios,
por el cual los cielos serán deshechos en llamas
y los elementos derretidos por el fuego?
Pero, según su promesa,
esperamos nuevos cielos y una nueva tierra
en los que habita la justicia.
Por lo tanto, amados, ya que esperan estas cosas,
esfuércense por ser hallados sin mancha ni reproche ante él, en paz.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
