Lectura de la Carta a los Hebreos 7:1-3, 15-17
Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo,
se encontró con Abraham cuando regresaba de derrotar a los reyes
y lo bendijo.
Y Abraham le dio a él la décima parte de todo.
Su nombre significa primero rey de justicia,
y también fue "rey de Salem", es decir, rey de paz.
Sin padre, madre ni genealogía,
sin principio de días ni fin de vida,
hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Es aún más evidente si se levanta otro sacerdote
a la manera de Melquisedec, que ha llegado a serlo,
no por una ley expresada en un mandamiento sobre la descendencia física
sino por el poder de una vida que no puede ser destruida.
Porque se da testimonio:
Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
