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En la Misa · lunes, 8 de febrero de 2027

Primera Lectura

Lectura del Libro del Génesis 1:1-19·Semana 5 · Tiempo Ordinario

Lectura del Libro del Génesis 1:1-19

En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra,

la tierra era un desierto vacío, y la oscuridad cubría el abismo,

mientras un viento poderoso se cernía sobre las aguas.

Entonces Dios dijo:

“Que haya luz,” y hubo luz.

Dios vio que la luz era buena.

Dios separó la luz de la oscuridad.

A la luz la llamó “día,” y a la oscuridad la llamó “noche.”

Así llegó la tarde, y siguió la mañana: el primer día.

Luego Dios dijo:

“Que haya un firmamento en medio de las aguas,

para separar un cuerpo de agua del otro.”

Y así sucedió:

Dios hizo el firmamento,

y separó las aguas que estaban arriba del firmamento de las que estaban abajo.

Dios llamó al firmamento “el cielo.”

Llegó la tarde, y siguió la mañana: el segundo día.

Después Dios dijo:

“Que las aguas debajo del cielo se reúnan en un solo lugar,

para que aparezca la tierra seca.”

Y así sucedió:

las aguas debajo del cielo se reunieron en su lugar,

y apareció la tierra seca.

Dios llamó a la tierra seca “la tierra,”

y al lugar de las aguas lo llamó “el mar.”

Dios vio que era bueno.

Luego Dios dijo:

“Que la tierra produzca vegetación:

toda clase de planta que dé semilla

y toda clase de árbol frutal en la tierra

que dé fruto con su semilla dentro.”

Y así sucedió:

la tierra produjo toda clase de planta que da semilla

y toda clase de árbol frutal en la tierra que

dá fruto con su semilla dentro.

Dios vio que era bueno.

Llegó la tarde, y siguió la mañana: el tercer día.

Después Dios dijo:

“Que haya luces en el firmamento del cielo,

para separar el día de la noche.

Que sirvan para marcar los tiempos fijos, los días y los años,

y que sean lumbreras en el firmamento del cielo,

para dar luz sobre la tierra.”

Y así sucedió:

Dios hizo las dos grandes luces,

la mayor para gobernar el día,

y la menor para gobernar la noche;

y también hizo las estrellas.

Dios las puso en el firmamento del cielo,

para dar luz sobre la tierra,

para gobernar el día y la noche,

y para separar la luz de la oscuridad.

Dios vio que era bueno.

Llegó la tarde, y siguió la mañana: el cuarto día.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.