Lectura del Libro de Ester 12, 14-16, 23-25
La reina Esther, presa de una angustia mortal,
recurría al SEÑOR.
Y yacía postrada en el suelo, junto con sus doncellas,
desde la mañana hasta la tarde, y decía:
“Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, bendito seas.
Ayúdame, que estoy sola y no tengo más ayuda que tú,
porque estoy poniendo mi vida en tus manos.
Desde niña solía escuchar en los libros de mis antepasados
que tú, oh SEÑOR, siempre liberas a los que te son agradables.
Ahora ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie más que a ti,
oh SEÑOR, mi Dios.
“Y ahora, ven a ayudarme, huérfana.
Pon en mi boca palabras persuasivas en presencia del león
y convierte su corazón en odio hacia nuestro enemigo,
para que él y aquellos que están en alianza con él perezcan.
Sálvanos de la mano de nuestros enemigos;
convierte nuestro luto en alegría
y nuestras penas en plenitud.”
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
