Lectura del Evangelio según San Lucas 10:22-30
La fiesta de la Dedicación se celebraba en Jerusalén.
Era invierno.
Y Jesús paseaba por el área del templo, en el Pórtico de Salomón.
Entonces, los judíos se le acercaron y le dijeron:
“¿Hasta cuándo nos mantendrás en suspenso?
Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente.”
Jesús les respondió: “Ya les he dicho, y no creen.
Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí.
Pero no creen, porque no son de mis ovejas.
Mis ovejas oyen mi voz;
yo las conozco, y ellas me siguen.
Les doy vida eterna, y nunca perecerán.
Nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos,
y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.
El Padre y yo somos uno.”
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
