Lectura del Libro de Esdras 9:5-9
En el tiempo del sacrificio de la tarde, yo, Esdras, me levanté en mi aflicción,
y con el manto y la túnica rasgados caí de rodillas,
estirando mis manos al SEÑOR, mi Dios.
Dije: “Dios mío, estoy demasiado avergonzado y confundido para levantar mi rostro hacia ti,
Oh Dios mío, porque nuestras malvadas acciones se han acumulado sobre nuestras cabezas
y nuestra culpa llega hasta el cielo.
Desde el tiempo de nuestros padres hasta este día
grandes han sido nuestras culpas,
y por nuestras malvadas acciones hemos sido entregados,
nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes,
a la voluntad de los reyes de tierras extranjeras,
a la espada, a la cautividad, al saqueo y a la deshonra,
como es el caso hoy.
“Y ahora, hace poco tiempo, la misericordia vino a nosotros del SEÑOR, nuestro Dios,
que nos dejó un remanente y nos dio un lugar en su santo lugar;
así nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos
y nos ha dado alivio en nuestra servidumbre.
Porque somos esclavos, pero en nuestra servidumbre nuestro Dios no nos ha abandonado;
sino que ha inclinado la buena voluntad
de los reyes de Persia hacia nosotros.
Así nos ha dado nueva vida
to levantar de nuevo la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas,
y nos ha concedido un muro en Judá y Jerusalén.”
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
