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En la Misa · jueves, 30 de septiembre de 2027

Primera Lectura

Lectura del Libro de Nehemías 8:1-4a, 5-6, 7b-12·Jerome of Stridon Priest

Lectura del Libro de Nehemías 8:1-4a, 5-6, 7b-12

Todo el pueblo se reunió como uno solo en la plaza abierta frente a la Puerta del Agua,

y llamaron a Esdras, el escriba,

para que trajera el libro de la ley de Moisés

que el SEÑOR había prescrito para Israel.

Así que, en el primer día del séptimo mes,

Esdras, el sacerdote, llevó la ley ante la asamblea,

que consistía en hombres, mujeres,

y aquellos niños lo suficientemente grandes para entender.

De pie en un extremo del lugar abierto que estaba frente a la Puerta del Agua,

leyó del libro desde el amanecer hasta el mediodía,

en presencia de los hombres, las mujeres,

y aquellos niños lo suficientemente grandes para entender;

y todo el pueblo escuchaba atentamente el libro de la ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una plataforma de madera

que se había hecho para la ocasión.

Abrió el rollo

para que todo el pueblo pudiera verlo

(porque estaba de pie más alto que el resto del pueblo);

y, al abrirlo, todo el pueblo se levantó.

Esdras bendijo al SEÑOR, el gran Dios,

y todo el pueblo, con las manos levantadas, respondió,

“¡Amén, amén!”

Luego se inclinaron y se postraron ante el SEÑOR,

con el rostro en el suelo.

Mientras el pueblo permanecía en sus lugares,

Esdras leyó claramente del libro de la ley de Dios,

interpretándolo para que todos pudieran entender lo que se leía.

Entonces Nehemías, es decir, Su Excelencia, y Esdras, el sacerdote-escriba

y los levitas que instruían al pueblo

dijeron a todo el pueblo:

“Hoy es un día santo para el SEÑOR su Dios.

No estén tristes, ni lloren”–

pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley.

Dijo además: “Vayan, coman manjares y beban bebidas dulces,

y reparte porciones a quienes no tienen nada preparado;

pues hoy es un día santo para nuestro SEÑOR.

No se entristezcan en este día,

pues el gozo en el SEÑOR debe ser su fuerza!”

Y los levitas callaron a todo el pueblo, diciendo,

“¡Silencio, porque hoy es santo, y no deben estar tristes!”

Entonces todo el pueblo fue a comer y a beber,

a repartir porciones, y a celebrar con gran alegría,

pues entendieron las palabras que les habían explicado.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

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