Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, el rey Herodes arrestó a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Hizo matar a Santiago, el hermano de Juan, a espada,
y al ver que esto agradaba a los judíos,
procedió a arrestar también a Pedro.
âEra la fiesta de los Panes Sin Levadura.â
Lo hizo apresar y lo metió en la cárcel
bajo la custodia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno.
Tenía la intención de presentarlo al pueblo después de la Pascua.
Así, Pedro estaba en la cárcel,
pero la Iglesia oraba fervientemente a Dios por él.
La noche antes de que Herodes lo llevara a juicio,
Pedro, asegurado con dobles cadenas,
estaba durmiendo entre dos soldados,
mientras afuera, en la puerta, los guardias vigilaban la prisión.
De repente, el ángel del Señor se presentó junto a él
y una luz brilló en la celda.
Le dio un toque en el costado y lo despertó, diciendo,
âLevántate rápidamente.â
Las cadenas cayeron de sus muñecas.
El ángel le dijo, âCíñete y ponte las sandalias.â
Y así lo hizo.
Luego le dijo, âPóntelo por encima y sígueme.â
Así que lo siguió afuera,
sin darse cuenta de que lo que estaba sucediendo por medio del ángel era real;
creyó que estaba viendo una visión.
Pasaron el primer guardia, luego el segundo,
y llegaron a la puerta de hierro que conducía a la ciudad,
la cual se abrió por sí sola.
Salieron y se dirigieron por un callejón,
y de repente el ángel lo dejó.
Entonces Pedro recobró el sentido y dijo,
âAhora sé con certeza
que el Señor envió su ángel
y me rescató de la mano de Herodes
y de todo lo que el pueblo judío esperaba.â
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
